Cómo construimos la historia de nuestra vida

La memoria autobiográfica no sólo nos permite recordar lo vivido. También participa en la manera en que vamos construyendo una historia sobre quiénes somos.

Hace unos días, al volver a leer mi tesis de Máster de hace diez años en University College London, Reino Unido, me encontré con una idea que había estudiado y que, de alguna manera, también había olvidado:

“Aprendemos a recordar también con otros”.

Me pareció especialmente interesante reencontrarme con esta idea.

Cuando pensamos en nuestra memoria, podríamos imaginar que simplemente recuperamos acontecimientos que quedaron guardados en algún lugar. Pero nuestros recuerdos autobiográficos son bastante más complejos.

Algunos momentos de nuestra vida aparecen con muchísimo detalle. Otros se vuelven más difusos. Hay historias que hemos contado muchas veces y otras que apenas aparecen cuando pensamos en nuestro pasado.

Y con esos recuerdos también vamos construyendo cierta continuidad entre quienes fuimos, quienes somos hoy y la historia que contamos acerca de nosotros mismos.

Aprendemos a recordar conversando

Desde hace varias décadas, la investigación sobre el desarrollo de la memoria autobiográfica ha estudiado algo muy cotidiano: las conversaciones entre niños y adultos acerca de experiencias que han vivido juntos.

Una de las formas en que esto ocurre se conoce como reminiscencia elaborativa.

Imaginemos una escena sencilla.

—¿Te acuerdas cuando fuimos al lago?

—Sí, me acuerdo.

O podemos quedarnos un poco más en esa experiencia:

—¿Qué fue lo que más te gustó?

—¿Con quién estabas?

—¿Te acuerdas qué pasó cuando empezó a llover?

—¿Cómo te sentiste?

No se trata de interrogar al niño o niña, ni de decirle cómo debería recordar lo ocurrido. Es una conversación en la que, juntos, se vuelve sobre una experiencia incorporando detalles, emociones y secuencias.

La investigación ha mostrado que este tipo de conversaciones elaborativas durante la niñez contribuye al desarrollo de recuerdos autobiográficos más específicos.

Y eso me parece realmente fascinante: nuestra capacidad de recordar nuestra propia vida también se va construyendo en relación con otras personas.

Memoria e identidad

La memoria autobiográfica tiene una función especialmente importante: nos permite reconocernos a través del tiempo.

Nuestros recuerdos no sólo contienen información acerca de lo que ocurrió. También se relacionan con el desarrollo del lenguaje, los vínculos, el sentido de nosotros mismos y la manera en que vamos comprendiendo nuestra experiencia.

Por supuesto, nuestra historia nunca queda completamente terminada. Seguimos viviendo, incorporando experiencias y, muchas veces, mirando acontecimientos antiguos desde perspectivas nuevas.

Eso no significa que podamos cambiar lo que ocurrió. Pero sí muestra que recordar es un proceso bastante más dinámico que simplemente recuperar información del pasado.

Una pregunta que encontré nuevamente diez años después

Durante mi Máster en Salud Mental Infanto-Juvenil en University College London estudié una forma particular de memoria: la memoria autobiográfica sobregeneralizada.

En términos sencillos, se refiere a la dificultad para recuperar acontecimientos concretos de nuestra historia y a la tendencia a responder con recuerdos más generales.

Mi interés en ese momento estaba puesto especialmente en niños y jóvenes que habían vivido experiencias de maltrato y en la posible relación de esta manera de recordar con problemas como la depresión y el estrés postraumático.

Una de las conclusiones importantes de aquella revisión fue que estas relaciones eran mucho menos simples de lo que inicialmente podía suponerse. Haber vivido experiencias adversas no determinaba, por sí solo, una determinada forma de recordar. Había distintos procesos involucrados y muchas preguntas todavía abiertas.

Y entre esas preguntas aparecía algo que ahora me resulta especialmente interesante: el papel que tienen nuestras relaciones y nuestras conversaciones acerca del pasado en la construcción de la memoria autobiográfica.

Volver a encontrar esa idea diez años después me hizo pensar nuevamente en una pregunta muy sencilla:

¿Cómo vamos construyendo la historia que contamos acerca de nuestra propia vida?

No existe una única respuesta. Pero sabemos algo interesante: desde muy temprano, nuestros recuerdos se desarrollan en un contexto de relaciones, lenguaje y conversaciones compartidas.

Quizás por eso este tema tiene tanto sentido para mí dentro de KOFLUIR. Me interesa comprender no sólo lo que nos ha ocurrido, sino también los recursos, relaciones y formas de dar significado a la experiencia que pueden acompañarnos nuestros procesos de adaptación y bienestar.

Tal vez por eso creo que vale la pena conservar cierta curiosidad, no sólo por qué recordamos, sino también por cómo hemos aprendido a contar nuestra historia.

Para profundizar

Fivush, R. (2011). The development of autobiographical memory. Annual Review of Psychology, 62, 559–582.

Valentino, K. (2011). A developmental psychopathology model of overgeneral autobiographical memory. Developmental Review, 31(1), 32–54.

Gacitúa, L. (2016). The role of over-general autobiographical memory in the development of mental health problems in young people who suffered child abuse. MSc Child and Adolescent Mental Health, University College London.

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