- Lorena Gacitúa
- 23 Octubre 2026
¿Y si regularte no fuera lo mismo que calmarte?
Cuando estamos atravesando momentos de mucho estrés o ansiedad, solemos pedirnos algo que no siempre podemos conseguir: calmarnos.
«Debería poder manejar esto».
«¿Por qué reacciono así?».
«¿Por qué no puedo simplemente relajarme?».
En mi trabajo como terapeuta veo con frecuencia cómo, al malestar que ya estamos sintiendo, le agregamos otra carga: la exigencia de sentirnos de una manera diferente.
Pero regular nuestras emociones no significa estar en calma todo el tiempo.
Significa aprender a reconocer lo que nos sucede y desarrollar recursos para responder de una manera más flexible y cuidadosa con nosotros mismos.
A veces, las primeras señales aparecen en el cuerpo: los hombros tensos, la mandíbula apretada, la respiración más rápida. Otras veces, es nuestra mente la que parece no detenerse.
¿Qué pasaría si, en lugar de luchar contra esas señales, comenzáramos por escucharlas con un poco más de curiosidad?
¿Qué me está pasando?
¿Qué podría necesitar en este momento?
Quizás sea detenerte unos minutos, sentir tus pies apoyados en el suelo, mirar a tu alrededor o permitirte respirar a tu propio ritmo.
Pero también puede ser descansar, conversar con alguien, pedir ayuda o reconocer que hay algo en tu vida que necesita cambiar.
No existe una única manera de regularnos.
Lo que nos ayuda en un momento puede no ser lo que necesitamos en otro.
Y tampoco se trata de conseguir que las emociones difíciles desaparezcan. Se trata de ampliar poco a poco nuestra capacidad de reconocerlas, acompañarlas y responder a ellas.
La regulación se aprende y se practica. Muchas veces comienza con gestos pequeños, cotidianos, que nos permiten relacionarnos de una manera diferente con lo que vivimos.
Porque el bienestar no consiste en no sentirnos nunca sobrepasados.
También consiste en aprender a tratarnos con mayor amabilidad cuando eso ocurre.
Para profundizar
Bonanno, G. A., & Burton, C. L. (2013). Regulatory flexibility: An individual differences perspective on coping and emotion regulation. Perspectives on Psychological Science, 8(6), 591–612.
Gilbert, P. (2009). Introducing compassion-focused therapy. Advances in Psychiatric Treatment, 15(3), 199–208.